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Christian Brown y la batalla de Arkanthoria.

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Christian Brown y la batalla de Arkanthoria.

Mensaje por Kovu el Sáb Ago 02, 2014 6:31 pm

Aquí les traigo un fic el cual ya se darán cuenta no tiene nada que ver con TLK.
Al principio tenía pensado publicar uno acerca de El Rey León, pero no me he encontrado con mucha inspiración para ponerme a escribir (ágatas logré terminar el primer capítulo de esta historia) y como ya estaba trabajando con esta historia en un foro llamado "Dark Guardians", decidí compartirla también con ustedes.
Sinopsis. Aunque eso no quiere decir que tal vez más adelante les traiga otra historia pero basada en el mundo de TLK. En fin, aquí se las dijo y espero les guste.
~~~~~~~
Sinopsis.
Christian Brown, es un joven de 14 años, fruto de una relación que su madre tuvo en su juventud con un hombre de nacionalidad inglesa, aunque poco después de que Chris naciera ella se volvió a Montevideo, su ciudad natal.
Allí fue donde Christian pasó toda su vida, siendo vigilado por su madre y por todos sus maestros de cualquier cosa que amenazara la existencia del niño.
Desde pequeño, Chris demostró no ser como cualquier otro niño de su edad. Era diferente.
Su déficit de atención e hiperactividad entre otras cosas lo tacharon de por vida como el chico problemático del jardín y la escuela.
Para él, su vida carecía de sentido. Parecía que todo el mundo, incluso la vida misma estaba en contra de él. Jamás logró hacer buenos amigos, pues su "rareza" los espantaba enseguida, de no ser por el apoyo de su madre, su mejor amigo Alec y algunos de sus maestros, él estaría completamente sólo en este mundo.
Él sentía que ese no era su lugar, que no encajaba allí.
Pero su vida dio un gran giro cuando un par de demonios intentaron atacarlo mientras caminaba. Es en ese entonces cuando sus tías, Elizabeth y Charlotte Brown, hermanas de su padre, aparecen y lo defienden.
Viendo que Montevideo ya no es un lugar seguro para Christian, por lo cual empieza su viaje junto a su madre, a sus tías y a Alec hacia el reino de Zimetul; un reino en un mundo paralelo a la tierra, el cual aún está en la época medieval.
Allí, Chris descubre que todo lo que él cree irreal, es real. Pues su mejor amigo de toda la vida es un hombre lobo, sus tías y su padre son hechiceros, lo que lo convierte a él en un semi-hechicero, debido a que su madre es humana, y que los maestros a los cuales le tenía tanto apreció son en realidad criaturas mágicas como dragones, fénix, elfos y sirenas.
Aunque no solo descubrirá eso, sino se enterará de que el destino de la vida tal y como la conocemos está en sus manos al ser él el responsable de impedir que un gran guerra se desate en Arkanthoria, la cual podría acabar con ese mundo y a la vez con la Tierra.      
-----------------------------------------------------------------
CAPÍTULO I:
LA BANDA DE IVÁN.

7:05 de la mañana. El despertador sonó como de costumbre. Christian estiró su brazo hacia su celular que se encontraba sobre la mesa de luz y apagó la alarma, aunque se quedó cinco o seis minutos más acostado. Con muy pocas ganas se sentó en la cama, con los pies descalzos tocando el suelo. Era cierto que recién se despertaba, pero aun así tenía sueño. Se había quedado hasta tarde estudiando para la prueba de Historia y, aunque había estudiado hasta quedarse dormido, no le había quedado nada. Su cabeza útilmente estaba en las nubes, no lograba concentrarse lo suficiente en las cosas que hacía. Estaba cansado de todo, en realidad. Siempre era lo mismo; sonaba el despertador, se quedaba unos minutos más acostado, luego se vestía y después iba a la cocina para desayunar y luego tener que irse al liceo, estar seis horas allí, soportar a Iván y después volver a casa otra vez. De no ser por la insistencia de su madre, él lo hubiera dejado hace tiempo.

Alec Greco despertó poco más de 7:15. Observó por la ventana que se encontraba a la izquierda de su cama como el sol empezaba a notarse por detrás de los edificios de Montevideo. No tuvo más remedio que levantarse mientras se tomaba la cabeza con las manos. Le dolía demasiado, tanto que parecía que le iba a estallar, al igual que el resto de su cuerpo. Esa noche había dormido poco gracias a uno de sus ataques. Habían empezado a principios del año, un poco antes de que él cumpliera catorce años. Siempre le daba lo mismo, un fuertísimo dolor en todo el cuerpo y casi siempre acompañado por una importante elevación de la temperatura, la cual nunca era menor a 40ºC, aunque jamás demostraba tener fiebre. Nunca consultó a un doctor. Sus padres sabían lo que él tenía. Por esa razón lo único que tomó para esos ataques fue una gota de una sustancia líquida, y de un sabor asqueroso, debajo de la lengua. Aunque no siempre daba resultado. Había veces en las que, por más que se pusiera una gota debajo de la lengua, no se le pasaba. Por ese motivo no pudo dormir bien, pues aunque se puso una gota debajo de la lengua, los ataques no se le iban. En esas ocasiones lo único que podía hacer era relajarse e intentar pensar en otra cosa que no fuera el dolor que sentía, por más imposible que fuera.
Ya no lo soportaba más. Abrió el cajón de la mesa de luz, sacó un pequeño frasco de vidrio con un líquido y puso una gota del debajo de la lengua. Después volvió a guardarlo y esperó. Minutos después sintió que los dolores empezaban a calmarse y la temperatura disminuía.

Christian salió de su habitación con la ropa del liceo ya puesta y caminó hasta el final del pasillo donde se encontraba el baño. Abrió la puerta y encendió la luz mientras cerraba la puerta tras su espalda. Se acercó al lavabo y se paró enfrente, viendo su reflejo en el espejo. Un chico de estatura media, de cabello castaño oscuro y ojos entre celeste y verde. Abrió la canilla y formó un cuenco con sus manos y con el agua que salía lavó su cara. Después de eso cepilló sus dientes con energía, mientras dejaba que la espuma blanca chorrease sobre el lavabo. Al terminar, se enjuagó la boca y después se secó con la toalla, para luego pasar a peinarse.

Al terminar de vestirse salió de su habitación, colgándose su mochila sobre ambos hombros. Caminó hasta abajo, pasando frente al cuarto de su madre y de sus hermanas. Agradeció no haberse encontrado con ninguna de ellas o de lo contrario le habrían preguntado cómo había dormido o algo por el estilo, lo cual Alec pensaba era una pérdida de tiempo pues la respuesta era la misma desde que había empezado a tener esos ataques.
Miró el reloj ubicado en la pared del comedor. 7:20 marcaba. Aún era temprano para salir e ir por Christian para irse juntos al liceo, considerando que ellos iban caminando y que más de quince minutos no les tomaba llegar. Así que dejó la mochila sobre una de las sillas del comedor y se dirigió a la cocina para comer algo mientras esperaba que se hiciera la hora, y de paso no se iba con el estómago vacío.

Christian estaba terminando de peinarse cuando la puerta se abrió y entró Carlos. Un hombre alto, de cabello negro y ojos igual de oscuros. Iba con la camisa completamente desprendida y el cinturón del pantalón suelto. El hombre se detuvo al ver que estaba ocupado. Christian sólo le lanzó una mirada fulminante por haber entrado de la forma en que lo hizo y sin siquiera golpear para ver si estaba ocupado. Lo detestaba con todas las letras. Por más que hacía más de tres años que su madre se había casado con él, Christian aún no lograba acostumbrarse a vivir con Carlos y mucho menos le había tomado cariño. Era un vago. Lo despedían de todos los trabajos. Se levantaba temprano en la mañana, se sentaba en el sofá y de allí no se movía ni siquiera para comer o beber. Todo tenía que hacérselo Esther. Christian no sabía cómo su madre podía soportarlo, pues nadie lo soportaba.
-Lo siento- se disculpó mientras se detenía.
Christian no lo miró y continuó peinándose. Al terminar, dejó la peinilla y miró a  su padrastro.
-Algunas personas golpean la puerta del baño antes de entrar, ¿has pensado en hacer eso?- dijo con sarcasmo mientras se acercaba a la puerta para salir –Además, ¿necesitas andar así por la casa? Por lo menos préndete la camisa.
Carlos se puso de perfil contra la puerta y cuando Christian iba a salir colocó su brazo enfrente impidiéndole que pasar.
-Déjame pasar- pidió Christian, en un tono serio y nada amable.
-Esta también es mi casa ahora, así que tenme algo de respeto- dijo Carlos.
Christian iba a contestarle algo, cuando su madre, Esther, apareció impidiendo que él hablara.
-¿Sucede algo?- inquirió.
Carlos no respondió y se metió al baño, mientras Christian se acercaba a su madre mientras se tapaba la nariz. Pues, al estar tan cerca de él, el asqueroso aroma que producía la mezcla de sudor y alcohol le había llegado con gran facilidad.
Christian miró a su madre, la cual estaba un poco angustiada por la situación, y después se dirigió a su habitación para ir por su mochila.
Desde que Carlos había empezado a vivir en la casa, Christian y él se volvieron rivales..., y ella ya no sabía qué hacer para arreglar eso.
Esther lo siguió intentando hablar con él, pero no sabía por dónde empezar. Además, Christian se dirigió a la cocina sin mirarla, después de salir de su habitación con su mochila colgada sobre su hombro izquierdo. Él también buscaba la forma de hablar con ella, pero no la conseguía además de que seguramente sería en vano.
Ambos llegaron a la cocina al mismo tiempo, y entonces Christian ya no se aguantó más.
-No entiendo por qué aún sigues con él- dijo -Es un vago. Apesta a cloaca. Lo despiden de todos los trabajos y cuando se acuesta en ese sofá no se levanta para hacer nada. ¿Por qué aún no lo has echado de aquí?
Esther abrió la boca pero ningún sonido salió de ella. No era capaz de decirle el verdadero motivo por el que se casó con Carlos, pues creía que pondría en peligro a su hijo si lo hacía.
-¡¿Por qué?!- insistió Christian, al ver que su madre no hablaba.
-Christian..., aunque tú no puedas notarlo, él... nos ayuda a su manera- contestó Esther -Es algo que... tú no entiendes ahora..., no serías capaz de entenderlo.
-Es verdad. No entiendo- dijo Christian y entonces se dirigió a la puerta de enfrente. La abrió y se fue caminando hacia el liceo, olvidándose completamente de esperar a Alec. No era raro que él se hubiera ido así. Después de todo, últimamente no lograba irse sin antes discutir con su madre.

Al ver que ya era casi la hora de salir, Alec volvió a colgarse  la mochila sobre sus hombros, salió de su casa colocándose los auriculares y caminó hasta donde Christian mientras escuchaba música. Observó las baldosas grises de la vereda, mientras caminaba, las cuales la mayoría estaba partidas por la mitad, o le faltaban un pequeño pedazo o directamente no había. Notó también no había ningún alumno de su liceo.
Caminó hasta la casa de Christian. Golpeo la puerta y fue Esther la que atendió, quien al ver al amigo de su hijo supo inmediatamente que venía por él, razón por la cual le indicó que Christian ya había salido. Alec sonrió y entonces continuó caminando rumbo al liceo, intentando alcanzar a su amigo.
Después de unos minutos de caminar pudo ver a lo lejos a un chico de más o menos su estatura, el cual reconoció enseguida.
-¡Christian!- lo llamó quitándose los auriculares mientras se acercaba a él.
Christian se volteó tras sentir que mencionaba su nombre y pudo ver a Alec, un joven de más o menos su estatura, piel un poco morena, cabello negro y ojos marrones.
-Pase por tu casa y tu madre me dijo que ya te habías ido- le contó su amigo mientras llegaba adonde estaba él y lo saludaba estrechando sus manos.
-Lamento no haberte esperado- se disculpó Chris mientras ambos retomaban la marcha.
-Otra discusión por Carlos… ¿cierto?
Christian sólo asintió con la cabeza mientras caminaba.
-¿Sabes? Tampoco me cae bien ese Carlos.
Así fue como continuaron los dos. Hablando de todo un poco mientras caminaban; aunque el principal tema de conversación fue el escrito de Historia, para el cual ambos habían estudiado todo lo que pudieron pero a ninguno les quedó nada.
A medida que avanzaba, se iban encontrando con otros chicos que iban al liceo. Algunos de su mismo tercero, mientras que otros pertenecían a otro o directamente eran de otros grados.
Poco a poco lograron llegar  a su destino.
Al llegar, se encontraron con Iván Santos. Un chico alto, flaco y rubio el cual repitió dos veces tercer año. A su lado derecho se encontraba su hermano Nicolás, el cual era dos años menor que Iván, aunque aun así se parecía mucho a él con la única diferencia de que su cabello era negro. Y a su izquierda se encontraba Bruno, un chico gordito de la misma edad que Nicolás. Aunque ellos sólo eran los principales, digamos, de la “banda de Iván”, pues alrededor de su “líder” ósea, Iván, se encontraban cinco o seis chicos más. Me refiero a banda ya que ellos funcionaban algo parecido a una, pues se ocupaban de molestar a los más pequeños y débiles, aunque casi siempre molestaban a Christian. Era como si tuvieran algo en contra de él. El peor de ellos era Iván, por algo lo habían elegido como su “líder”.
Allí estaban todos ellos. En la entrada. Buscando con la mirada a quien sería su víctima del día, de la misma forma en que un depredador asecha a su presa.
Christian y Alec pasaron frente a ellos como los demás. Pero mientras pasaban, Iván empujo a Christian.
-Ten cuidado por donde vas, Brown- dijo Nicolás.
Christian se arregló su ropa e intentó seguir, pero Iván se interpuso en su camino.
-Discúlpate por eso.
-¿Quieres que me disculpe contigo porque me empujaste?
-No le hagas caso y sigue caminando- le susurró Alec.
-¿No deberías de ser tú el que se disculpara conmigo?- inquirió Christian, sin hacerle caso al susurro de su amigo.
-¿Qué te estas creyendo ahora, Brown?
Alec insistió en irse mientras tironeaba del brazo de Christian. Él sabía muy bien que si se enfrentaba a Iván no saldría bien de allí, además de que eso arruinaría aún más su reputación.
Christian miró un momento a Iván. Luego miró a Alec y siguió su camino.
-Ven aquí y arreglemos esto ahora- dijo Iván, pero Christian fingió no oír -¡Eres un gallina!- gritó.
Esta vez, Christian si se giró y miró a Iván algo molesta mientras empezaba a acercarse a él.
-¿Cómo me llamaste?- preguntó Christian, al estar un poco cerca de él.
Cerró fuertemente su puño. Tenía unas ganas tremendas de golpearlo por llamarlo así, pues no soportaba que nadie lo llamara de esa forma. Pero se contuvo. Su condición en el liceo no le permitía golpearlo, los profesores lo tenían entre ceja y ceja. Y estaba seguro que una pelea allí sería como la gota que derramaría el vaso.
-Ven. Pelea si no eres una gallina- lo molestó Iván, mientras Bruno hacía sonidos propios de ese animal.
-Vayámonos ya a clases, Christian- le dijo Alec.
-Eso. Vete y así nos demuestras que de verdad eres un gallina- dijo Nicolás.
Christian miró un momento a Alec mientras pensaba. Después volvió la mirada hacia Iván.
-No pelearé contigo ahora- declaró –Pero sí a la salida.
Mientras Christian hablaba, Iván pudo ver a Silvia Díaz, la profesora de Inglés. Una mujer alta pero un tanto veterana, con la cual Christian y ella se tenían un profundo desagrado. La docente iba caminando por los pasillos mientras todos los alumnos iban a sus respectivos salones.
Al verla, a Iván se le ocurrió una idea.
-¡Auch!- gritó mientras se llevaba las manos al estómago -¡¿Por qué me golpeaste?! , si no te hice nada
Christian solamente lo miro como si dijera: ¿qué estás haciendo ahora?
Al oír los falsos quejidos de Iván, la profesora se acercó a ellos.
-¿Qué sucedió aquí?- preguntó.
-Christian… me pegó sin  razón… - contestó Iván, mientras fingí sentir dolor.
Al decir eso, no se necesitó más para que Silvia tomara a Christian del brazo y se lo llevara a la dirección.
-Vayan a sus salones- ordenó antes de irse –Y usted acompáñeme a hacerle una visita a la directora.
Todos obedecieron a la profesora.
Como bien lo dijo, Silvia se llevó a Christian a la dirección, aunque él dijera que no le había hecho nada a nadie.
------------------------------------
P.D: Lo sé, el capítulo es algo largito xD (de gusto no me tomó más de una semana terminarlo, y a eso sumándole la falta de inspiración y de tiempo). Por eso, al que se lo allá leído todo entero le regalo una barra de chocolate xD.
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Re: Christian Brown y la batalla de Arkanthoria.

Mensaje por Keira Lioness el Lun Ago 04, 2014 5:53 pm

Me encanta tu forma de escribir, y la historia mas que nada, se nota que la historia va muy interesante espero el siguiente capitulo con ancias

-Abrazos Psicologicos
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Re: Christian Brown y la batalla de Arkanthoria.

Mensaje por Kovu el Sáb Ago 09, 2014 5:05 pm

Te agradezco, KeriaLioness, por haber comentado.
--------------------------------------
CAPÍTULO II.
LA PROFESORA DE INGLÉS SE HACE HUMO.

Camino a la dirección Christian intentó, vanamente, soltarse del agarre de su profesora. Cuando iban llegando a la dirección, se encontraron con Eduardo, el adscripto de tercer año.
Él era un hombre alto, de cuarenta y pocos años. Sus ojos eran marrones, y su cabello era negro. Su relación con los alumnos era muy buena, pero con Christian era excelente; razón por la cual Christian pensó que tal vez él fuese su salvación de no ir a la dirección.
Si bien nunca lo había dado a conocer, Christian era uno de sus alumnos favoritos.
Silvia, al ver al hombre que le cortaba el camino, se detuvo.
-¿Adónde va, profesora?- quiso saber el adscripto.
-Lo llevo a la dirección- contestó, refiriéndose a Christian -; ha golpeado a un compañero.
-Bien. Pero ahora usted tiene clase con un grupo. Déjelo y yo lo llevo.
Al oír eso, Christian pensó que se había equivocado al pensar que Eduardo sería quien lo salvará de ir con la directora.
Silvia lo pensó un poco antes de soltarlo, pero finalmente lo hizo. Aunque, segundos antes de soltarlo, sus ojos cambiaron de su color original a rojos como sangre. Christian pudo advertir esto a tiempo, pero no solo eso le sucedió, sino que mientras los ojos de su profesora eran rojos, los ojos de él se pusieron completamente blancos y entonces tuvo una especie de visión en la que aparecía Silvia, aunque no lucía como siempre. Su apariencia era casi la misma, a excepción de que sus ojos eran rojos, tenía un par de alas parecidas a la de un murciélago detrás de su espalda, garras largas y un par de cuernos gruesos, parecidos a los de un carnero, en la cabeza. La visión se cortó enseguida, pero aun así pudo ver bien la apariencia que su profesora tenía en ella.
Cuando la visión pasó, pudo ver todo normal e incluso pudo ver como su profesora lo soltaba y se iba, pero no tenía cuernos, ni alas, ni nada de eso. Era la Silvia de siempre.
-¿Vi-viste eso?-tartamudeo Christian viendo como la profesora se alejaba.
Estaba confundido y asustado por todo lo que le había sucedido y en menos de 1 minuto.
Eduardo vio perfectamente como los ojos de Silvia cambiaban de color, y también vio cuando los ojos de Christian se ponían blanco, peor prefirió fingir que no había visto nada.
-¡Cómo qué no viste nada!- exclamó Christian –Pero los cuernos y… y las alas… esas si tuviste que verlas.
-No. Ahora vayamos a tu clase que si no te van a poner la falta- dijo Eduardo –Ven. Te acompaño.

Cuando la profesora ordenó que todos se fueran a sus salones, todos fueron sin vacilar. Silvia era una profesora un tanto estricta y si había algo que no toleraba de sus alumnos era que no la respetaran o no le hicieran caso en la primera orden.
Alec, Bruno e Iván se dirigieron al salón número 4 del segundo piso, mientras que Nicolás se dirigió al salón número 9.
Al llegar al aula 4, Alec y compañía se encontraron con que todos estaban entrando y, por lo tanto, la profesora Virginia no había pasado lista todavía.
Virginia Irigoyen era la profesora de Bilogía, con la cual tenían las dos primeras horas. Ella era una profesora amable, que por lo general se llevaba muy bien con los alumnos. Era alta, su cabello era de un color castaño claro y sus ojos eran azul claro.
Al entrar, Alec se sentó en su banco y puso sobre l mesa su cartuchera y la cuadernola de la materia, mientras la profesora iba pasando la lista, recibiendo como contestación de los alumnos que nombraba un “presente” o “acá”.
Bruno e Iván también se sentaron en sus respectivos lugares, pero sólo Bruno sacó el material de clase. Iván no lo hizo. Jamás trabajó en clase, y nunca hizo las tareas domiciliarias, y ese no sería el primer día que decidiera trabajar.
Christian era el quinto en la lista, por lo cual la profesora no tardó en nombrar su apellido, y al no recibir respuesta, volvió a nombrarlo, esta vez, por su nombre y apellido.
-Está en la dirección- contestó Bruno.
-Sí. Con seguridad la directora debe de estar regañándolo- afirmó Iván, con una pequeña risa al final.
-¡Pero si él no te golpeo!- dijo Alec.
Virginia escuchó lo que ellos decían, pero no dijo nada. Conocía desde hace mucho tiempo a Christian como para saber que él no sería capaz de golpear a alguien porque sí. Y, aunque conocía a Iván desde el comienzo de las clases ese año, sabía muy bien que era capaz de cualquier cosa para perjudicar a Chris. Así que sin darle importancia a lo que dijo Iván, continuo pasando la lista.
No pasó mucho más de un minuto cuando la profesora terminó, y entonces la puerta del salón se abrió y por ella aparecieron Christian y Eduardo. Chris pasó y se dirigió hacia su asiento, mientras que Eduardo se quedó en la puerta.
-Virginia, ¿puedes venir?- preguntó el adscripto.
-Sí- asintió la profesora y salió del salón, cerrando la puerta tras su espalda.
Christian caminó por el pasillo que había entre las filas hasta llegar a su banco, casi l fondo de la clase.
-Espero que la directora te haya regañado y ya no golpees a los demás- dijo Iván, burlonamente.
Christian fingió no escucharlo e intentó hablar con Alec, que se sentaba a su derecha, para no escuchar a Iván, pero por desgracia se sentaba detrás de él.
-¿A caso también te cortó la lengua?- le preguntó, generando un leve risa de Bruno que se sentaba enfrente de Christian, pero Chris no habló –Vamos. No estrás molesto por hacer que te llevaran a la dirección, ¿o sí?
-¡Quieres cerrar la boca!- exclamó Christian dándose la vuelta.
-A ver si te calmas y empiezas a bajarme el tonito, porque te puede costar caro.
-Lo único que quieres es buscar pelea- dijo Christian dándose la vuelta.
En ese momento la puerta volvió a abrirse y por ella entró la profesora. Pero su rostro había cambiado. No era el mismo que tenía antes de salir y hablar con Eduardo. Se notaba que estaba preocupada, tal vez hasta con miedo. Seguramente lo que haya hablado con Eduardo la dejó así, pensó Christian. Y no estaba tan lejos de la realidad. Efectivamente lo que habló con Eduardo la dejó así, pero ella intentó ocultarlo lo más que pudo para no preocupar a sus alumnos y como pudo dio la clase.
Las dos horas de cuarenta y cinco minutos cada una pasaron, así como las seis horas pasaron. A Alec y a Christian no se les pasó la duda de qué fue lo que Virginia habló con Eduardo para dejarla así, pero no se atrevieron a preguntarle a la profesora o al adscripto. Así que intentando dejar atrás la incertidumbre, ambos se propusieron a regresar a casa.
Cuando iban a salir por la puerta principal, el adscripto se acercó a ellos y los detuvo. Lo cual los sorprendió.
-Quiero que tengas esto- dijo entregándole un lápiz mecánico (o de grafo) -; no lo uses a menos que estés en apuros.
-Okey- contestó Christian sin comprender bien mientras tomaba el lápiz.
Entonces ambos continuaron su camino, mientras Christian no dejaba de mirarle el lápiz de todas las formas posibles, intentando encontrar qué era lo que lo hacía tan especial. Pero no encontró nada.
Mientras caminaban, y Christian iba mirando su nuevo lápiz, Alec vio en una esquina a un par de personas de ojos rojos y ropa oscura mirándolos fijamente a ellos. Estos dos hicieron que Alec palideciera como nunca lo había hecho.
-Chris… to-tomemos el ómnibus- tartamudeo mientras tomaba a su amigo del brazo y empezaba a caminar rápido hacia la parada de ómnibus.
-¿Pero por qué? Si siempre caminamos.
-Es que… me duelen mucho las piernas… y no tengo ganas de caminar- mintió.
En ese momento Christian guardó el lápiz en el bolsillo de su campera y miró a los ojos de su amigo, viendo que éste estaba más blanco que un papel.
-¿Pero qué tienes?- inquirió.
-No es nada…- contesto mientras miraba hacia atrás viendo que esas personas aún estaban en la esquina –Camina… que vamos a perder el ómnibus.
-Pero estás blanco.
-De verdad, no tengo nada- dijo Alec al llegar a la parada.
-¿Tienes justo para el boleto? A mí me falta un peso.
Al oír eso, Alec metió su mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una moneda de un peso, la cual se la dio a su amigo.
-Alec, ¿seguro que estas bien? Estás temblando y además estas blanco- volvió a preguntar Christian.
-Tranquilo. Estoy… muy bien- contestó.
Lo que Christian decía no era nada fuera de la verdad; Alec estaba demasiado pálido y además temblaba debido a los nervios que tenía en ese momento. Hasta podría decirse que estaba asustado. El ver a esas dos personas hizo que se pusiera en ese estado. Tal vez a Christian le pareciera una ridiculez ponerse de esa forma por sólo ver a un par de personas vestidas de negro, pero para Alec no era nada ridículo. Ni tenía la menor gracia. Él sabía muy bien quienes eran esas personas, pero no quería decirle nada a su amigo.
Finalmente, el ómnibus llegó y ambos subieron junto a otras personas. Sacaron el boleto y se sentaron juntos. Alec iba del lado de la ventanilla, por lo cual le permitía ver perfectamente hacia afuera, lo cual no dejaba de hacer. Miraba buscando a esas personas de negro, pero las había perdido de vista.
-Alec, me estás empezando a preocupar- dijo Christian mientras veía como miraba hacia afuera y no dejaba de temblar un poco.
-No te preocupes por mí- dijo Alec sin dejar de mirar por la ventanilla y luego agregó murmurando -, mejor preocúpate por tu vida.
-¿Qué viste en esas personas que te hicieron ponerte así?- quiso saber su amigo.
-No… puedo decirte ahora… No lo entenderías- contestó –Ahora, cuando nos bajemos, nos vamos a ir directo a tu casa y por favor no te alejes de mí.
-Está bien- asintió Christian, sin saber por qué le había pedido eso.
Pronto llegó a hora de bajarse, y entonces ambos se pararon y se acercaron a la puerta del fondo. Tocaron el timbre, y en la próxima parada el chofer paró y abrió la puerta para que bajaran.
Al bajar, ambos empezaron a caminar pero enseguida entraron a una especie de bar para que Alec fuera al baño.
-No te muevas de aquí. Espera a que salga.
-Sí, hombre. No me voy a ir de aquí sin ti. Ve tranquilo- contestó Chris y entonces Alec se fue.
Mientras su amigo no volvía, Chris empezó a pensar. Bien podía irse en ese momento a su casa y dejarlo allí, o bien podía esperarlo. Al final decidió por irse. Estaba consiente en que le había prometido esperarlo, e irse podía resultar algo grosero de su parte… pero es que Alec estaba empezando a actuar extraño y a preocuparlo. Lo único que hacía era mirar hacia todos lados, como si buscara algo, y cada vez que miraba a Christian era como si en él estuviera viendo a un muerto viviente o algo así.
Así que Christian abandonó a Alec en el bar y continuó caminando hacia su casa. Ésta no estaba muy lejos, pues sólo estaba a media cuadra de distancia.
Mientras caminaba, Christian sintió que alguien lo seguía. Se giró, y vio detrás de él a dos personas vestidas completamente de negro. Eran las mismas que había visto Alec en la esquina. Entonces empezó a apurar el paso y a la misma vez a caminar en dirección contraria a su casa. Tal vez, si entraba a ella, estaría a salvo de esos hombres tan misterioso. Tan sospechosos. Pero por otro lado, no quería llevarlos directo a su casa y poner en peligro a su madre. Así que empezó a caminar alejándose de su casa, intentando perder a esos hombres, pero no lo conseguía. Caminó lo más rápido que pudo, casi corría al final, hasta que se equivocó al girar y se metió en un callejón sin salida. Se giró, y vio como esos hombres se acercaban a él y por sus rostros no parecían ser amigables. Estaba perdido.
-No debiste desobedecer a tu amigo y dejarlo solo en el bar- dijo uno de esos hombres.
-Y menos debiste irte solo- agregó el otro.
-¿Qué le han hecho?- preguntó Chris, entre dientes.
-Oh, no. No te preocupes por él- dijo una voz a sus espaldas -; a él no le hicimos nada.
Christian se giró y vio a la profesora de Inglés.
-Mejor empieza a preocuparte por ti- dijo el primero de los hombres, y entonces sorprendentemente sus manos se envolvieron en fuego.
Al ver eso, los ojos de Christian se pusieron redondos como paltos. Y entonces, una bola de fuego pasó a apenas unos centímetros de distancia de él.
-Está atrapado, niño salvador- dijo Silvia.
Christian se giró para mirarlo pero lo que vio lo dejó impresionado. A la profesora le estaban saliendo garras, y un par de alas y cuernos, por no mencionar los ojos rojos. Después de todo, la visión había sido real.
-¡Aléjense de él!- dijo una voz en la entrada del callejón.
Todos miraron hacia el lugar del que había provenido esa voz y entonces vieron a dos mujeres, ambos de pelo corto, pero una de ellas era castaña y la otra entre castaña y pelirroja. Una de esas mujeres lanzó una esfera de magia hacia los hombres, la cual pudieron esquivar; y entonces eso se volvió una batalla de los dos hombres contra las dos mujeres.
Mientras todos peleaban, Christian intentó escapar pero un golpe que la profesora le dio lo mando a volar haciendo que se golpeara contra la pared de un edificio. Aunque el golpe fue fuerte, Chris se levantó. Es cierto, tambaleaba y al principio le costaba mantenerse en pie, pero en definitiva logró pararse; algo que Silvia no esperaba. Furiosa por eso, la profesora le lanzó una esfera de magia oscura, la cual Christian pudo esquivar. Eso enfadó mucho más a la profesora, que se acercó a él intentando atacarlo, pero Chris trató de esquivar todos los golpes que Silvia le daba, pero más de uno dio en el blanco.
Estaría en serios problemas si no escapa de allí pronto. Entonces fue ahí cuando recordó lo que Eduardo le dijo mientras le daba el lápiz mecánico: “Quiero que tengas esto; no lo uses a menos que estés en apuros.” Así que metió la mano en el bolsillo de su campera, sacó el lápiz y apretó el botón por el cual supuestamente debería de salir el grafo. Pero no salió. En lugar de eso, el lápiz se transformó en una espada con empuñadura gris y hoja de plata. Al ver la espada, Silvia retrocedió. Lo temía, y Christian pudo advertirlo. Así que empezó atacar a su profesora con la espada, hasta que logró atravesarle el estómago. Después de eso sacó la espada, pero no salió sangre roja de la herida, sino que la sustancia que salió de ella era una viscosa y de color verdoso. Al quitarle la espada, empezaron a hacerse tajos en todo el cuerpo de Silvia hasta que terminó por desvanecerse en el aire en forma de una especie de humo. La profesora de Inglés se había hecho humo, literalmente. Christian apretó el botón que se encontraba en la punta de la empuñadura de la espada y entonces ésta volvió a su forma original. Estaba sorprendido. Casi no reaccionaba. Otra cosa que a Christian le sorprendió cuando la profesora se hizo humo, fue que los hombres que la acompañaban también desparecieron en el aire.
-Christian, ¿estás bien?- preguntó una de las mujeres, pues el rostro de Chris había empezado a ponerse blanco.
-Sí… No…- dicho esto, Christian se desmayó. Aunque antes de que pudiera caerse al suelo, las mujeres lo sujetaron.
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Re: Christian Brown y la batalla de Arkanthoria.

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